Gobierno de la ciudad de Buenos Aires

Hospital Neuropsiquiátrico "Dr. José Tiburcio Borda"

Laboratorio de Investigaciones Electroneurobiológicas

y Revista

Electroneurobiología

ISSN: 0328-0446

CELOS:

Olvido, Homosexualidad, Desmemoria

 

por

Fidias Cesio *

 

 

Electroneurobiología 2004; 12 (3), pp. 231-243; URL <http://electroneubio.secyt.gov.ar/index2.htm>

 

 

 

Copyright © 2004 del autor / by the author. Esta es una investigación de acceso público; su copia exacta y redistribución por cualquier medio están permitidas bajo la condición de conservar esta noticia y la referencia completa a su publicación incluyendo la URL original (ver arriba). / This is an Open Access article: verbatim copying and redistribution of this article are permitted in all media for any purpose, provided this notice is preserved along with the article's full citation and original URL (above).

 

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* El autor frecuentó las contribuciones de Christofredo Jakob y la escuela neurobiológica argentina trabajando desde 1946 en este Laboratorio con el Dr. Braulio A. Moyano, mientras era docente ayudante de la Cátedra de Psiquiatría a cargo del profesor Dr. Gonzalo Bosch y médico concurrente en la Sala de nuestro hospital que dirigía el Dr. Pichon Riviere. Con este último trabajó varios años durante los cuales también realizó su formación psicoanalítica y luego recorrió todos los desempeños posibles dentro de la Asociación Psicoanalítica Argentina. Una versión anterior del presente artículo fue publicada en La Peste de Tebas N° 11, Marzo 1999.

 

 

RESEÑA: La originación de conjeturas cientificamente valiosas puede proceder de universos epistemológicos muy diversos. Desde la particular contrastabilidad de sus conceptos, la clínica psicoanalítica reconoce la eficacia de la dinámica intrapsíquica, anclaje éste que permite transcribir algunas de sus proposiciones a la descripción neurocientífica. Ambas disciplinas advierten que la ‘destrucción’ de las memorias, el desmemoriarse uno de ellas o pérdida de su rememorabilidad, responde a defectos orgánicos o bien a conflictos que paralizan a la dinámica intrapsíquica con respecto a ciertas memorizaciones. A veces concurren ambos factores, la dinámica intrapsíquica y los defectos orgánicos, y hasta cabe sospechar que la primera pueda facilitar la acción y en particular la localización de los segundos, ocasionando por vía psicosomática el progreso de lesiones histocitopatológicas del cerebro concebibles como una especie de ‘suicidios’ parciales, que van terminando con la capacidad de rememorar ciertas memorias. En la labor psicoanalítica el síntoma actual del letargo, expresión del horror al incesto, es una forma extrema de olvido, de sepultamiento, de ‘muerte’ de las memorias de las tragedias edípicas que tienen por modelo la original. El autor presenta la hipótesis de que este proceso de ‘olvido’ comprende, más allá del ‘sepultamiento’ de las memorias, la ‘destrucción’ de partes de las mismas, que aparece ante la consciencia como la destrucción de partes del soma y por dicha vía psicosomática lo facilita u ocasiona.

 

Ya en los síntomas de conversión de la histeria nos encontramos con el ‘olvido’ de pensamientos, sustituidos por ‘alteraciones’ somáticas. Expresando motivos inconscientes el psiquismo influye con gran precisión sobre diversos órganos y sobre su coordinación fisiológica, afectando la piel, la circulación, glándulas endocrinas, tejidos varios ... ¿afecta también al mismísimo organo cerebral? ¿Los cambios que el psiquismo genera en los estados electroneurobiológicos del cerebro para producir la conducta voluntaria no pueden, acaso, reflejar también tensiones afectivas involuntarias, tensiones resolubles con algún efecto de dichos estados eléctricos sobre la conformación de las proteínas involucradas en ciertas demencias? Sin duda el psiquismo aprende a distinguir con gran finura las variaciones en sectores de la fisiología cerebral que está a su alcance controlar, tanto para la conducta voluntaria consciente (por ejemplo mover los dedos, lo que se logra con el control finamente localizado de esos estados electroneurobiológicos) como para generar cambios que sirvan a pulsiones preconscientes o inconscientes. Más allá de la histeria, resultante de la represión, hallamos síntomas somáticos, los que surgen en estados profundos de trance o hipnosis (pseudoquemaduras, efusiones locales de sangre) y los de las neurosis actuales – angustia, letargo, etc. A estos se atribuye también el carácter de ‘conversión’ a partir de otra categoría de memorias ‘olvidadas’, que nunca fueron conscientes por lo que no pueden ser recordadas: que están ‘sepultadas’. Así, pues, en las patologías a presentación somática caracterizadas por la importancia de los celos y el olvido, el autor no descarta la inserción de las pulsiones en el plexo etiológico de las demencias. Por ello distingue, en muy grandes líneas, entre otras patologías también aquellas en que los síntomas de olvido resultan de una particular alteración y destrucción de partes de la corteza cerebral, como la que encontramos en tauopatías tales como la enfermedad de Alzheimer.

 

Cabe especular, señala, que se trata de conversiones correspondientes a aquello estrictamente sepultado que contiene lo que fuera la tragedia edípica: al padre asesinado cuando el incesto. En estos casos se trata de la destrucción eficaz de partes del soma, como lo es el infarto en general; como ejemplo, el autor destaca el infarto de corazón o el de partes del cerebro. El desenlace, núcleo del valioso señalamiento transdisciplinario del autor, es la pérdida definitiva para la consciencia, junto con la sustancia orgánica, de las ‘ideas’ que se manifestaron en la conversión. En tales casos, el ‘olvido’ de estos pacientes con enfermedad de Alzheimer resultaría de una destrucción de la capacidad de rememorar dependiente del soma donde, facilitando o encauzando los factores etiológicos orgánicos aún mal conocidos, las formaciones del inconsciente orientaron una pérdida irrecuperable de rememorabilidad, motivadas por celos trágicos que comprenden las memorias originales y que, de este modo, procuran destruirlas para la consciencia. MS

 

 

ÍNDICE

CELOS.................................................. 231

Olvido, Homosexualidad, Desmemoria......................................... 232

Celos y olvido....................... 235

Los celos de los muertos...... 237

Celos y homosexualidad....... 238

Los significados de ‘Untergang’............................................... 241

La ‘destrucción’ del complejo de Edipo. Una hipótesis acerca de la desmemoria (destrucción de la memoria). La enfermedad de Alzheimer.............................. 242

 

 

 

 

En una sesión, Tomás le relata a su analista, Pedro, que la noche anterior su mujer había salido a encontrarse con una amiga y que mientras la esperaba se sentía mal, sexualmente excitado y enfermo de celos, pensando que ella iba a encontrarse con algún hombre. Mientras transcurrían las asociaciones de Tomás, Pedro sentía progresiva modorra. No podía pensar, invadido por un letargo cada vez más intenso, hasta el punto que los párpados le pesaban y tenía que hacer esfuerzos para mantener los ojos abiertos; sólo sentía malestar y la necesidad de que la sesión terminara lo antes posible. A posteriori, el análisis de esa experienciaautoanálisis le trajo a Pedro recuerdos de otra oportunidad, una noche en que le había dado a su esposa una excusa cualquiera para poder salir con otra mujery en la que, cuando estaba junto a su amante, le atormentaba la idea del sufrimiento que tendría el marido de ésta mientras la esperaba.

 

Interpretamos que cuando el paciente, apasionadamente celoso, asocia con sus fantasías acerca de las relaciones sexuales de su mujer con otro hombre, le presenta a Pedro la escena primaria1, que adquiere una representación en una escena sexual de ‘su’ mujer con un amante fantaseado. En el letargo que entonces experimenta Pedroel analista están latentes pasiones incestuosas, celos primordiales que comprenden la muerte de los protagonistas y la identificación con el ‘cadáver’ que los contienecomplejo de Edipo primario, trágico 2 así como el sometimiento al pene-falo del padre. En los celos primordiales, trágicos, estalla la pasión, una excitación sexual pulsional, que alcanza al yo como excitación sexual.3

 

A Pedro el analista, mientras se aletargaba, le aparecían vagas ideas acerca de que su mujer, ausente de la casa, podía estar con un hombre. La prolongación de esta fantasía consciente en lo inconsciente sepultado, que se manifestaba como letargo, la construimos en los siguientes términos: Pedro, celoso, asesina a la pareja, y su culpa inconsciente lo arrastra a la identificación con la misma en una especie de reacción melancólica-suicida, el letargo. La naturaleza real 4 de este último y de realidad objetiva en su manifestación, revela el profundo y total compromiso del analista en la escena incestuosa.

 

El drama que acabamos de describir es la expresión del complejo de castración, fálico, el trauma fundamental. El mismo tiene características específicas en cada caso, difíciles de determinar. En el de Pedro podemos hacer la hipótesis de que se desarrolló con particular violencia, a partir de la intensidad de la manifestación letárgica que apareció en la sesión.

 

Como antes dijimos, la castración, el trauma fundamental, es el momento mítico en el que el bebé experimenta la pérdida del falo, concebido en la unión con la madre. El bebé contempla ahora, celoso, la unión fálica gozosa de la pareja parental y queda así abandonado por los padres a la ‘muerte’Edipo abandonado en el monte Citerón. Nos encontramos así, en el letargo que experimenta Pedro, con la tragedia edípica: el drama trágico incestuoso.

 

1.1.1          Celos y olvido

 

El genio de Freud nos reveló en Edipo Rey la escena de la que acabamos de hablar, el incesto: el abandono de Edipo en el monte Citerón, el parricidio en la encrucijada de los caminos y la coronación del incesto en la unión con Yocasta. Estalla la peste en Tebas, a la que comparamos con la neurosis actual. Las palabras de Tiresias, cuando descubre la causa de la pesteel incesto tienen el valor de una construcción, tal como las que realizamos en la sesión, a partir de los afectos que manifestaba el pueblo y de algunos indicios. Edipo inicia la investigación hasta que descubre que el que realizó el incesto es el propio investigador, Edipoel analista. La tragedia de Edipo concluye en una ‘muerte apoteótica’. Caronte lo llevó hasta las profundidades del Hades a través del río Lethe y Edipo bebió de sus aguas, las del ‘olvido’ 5.

 

Las asociaciones de Tomás presentan a Pedro la escena primaria y desencadenan en él los celos trágicos, el incesto; y aparece el letargo, ya no piensa – ‘Lethe’ = olvido. En el letargo, muerte aparente, sólo sabe que experimenta penoso malestar. Las fantasías inconscientes celosas sepultadas son ahora letargo.

 

Una observación es la de que, a posteriori de la reacción letárgica, sea inmediatamente u horas o días después, quien la experimentó olvida totalmente el episodio que la provocó, al estilo de como se olvida una pesadilla o los contenidos de una situación traumática,

 

En otras palabras: el síntoma actual, en este caso el letargo de Pedro a partir de su ataque de celos, expresión del incesto, es una forma extrema de olvido, de sepultamiento, de ‘muerte’, de las memorias de las tragedias edípicas que tienen por modelo la original. Los celos, así como las pesadillas, constituídos por violentos afectos más algunas representaciones trágicas, nos facilitan la construcción e interpretación de las escenas que representan esas tragedias sepultadas y nos hablan del ‘olvido’ a ‘muerte’ de las mismas. Esas memorias sepultadas, olvidadas, así como los ‘agujeros negros’ descritos en el espacio, atraen todo lo que está vinculado a ellas, palabras y representaciones, en particular las primeras. Y de estas, sobre todo los nombres de los ‘ausentes’. Es una experiencia corriente el olvido del nombre de un objeto mientras que, por otro lado, tenemos el recuerdo de las percepciones que lo definen.

 

Por fin el muerto, sepultado, a su vez ‘celoso’, arrastra al sepulcro a quien lo condenó al olvido. En el drama de Don Juan, que en sus celos incestuosos mata al padre de su amante, es a su vez la víctima de éste, el comendador, quien ‘celoso’ de la pareja que el Don Juan había establecido con la hija, lo arrastra a la muerte.

 

El horror al incesto explica el olvido, por sepultamiento, del complejo de Edipo trágico siempre incestuoso y sus derivados primarios, los que a partir del ‘sepulcro’ se manifiestan en síntomas actuales: letargo en el caso de Pedro. Los olvidos secundarios, los corrientes, que tienen que ver con las vicisitudes del complejo de Edipo secundario con la represión por el superyótienen sus raíces en estos primarios. Mientras los olvidos de memorias subyacentes al sepultamiento sólo son rescatables por medio de la construcción e interpretación, los segundos, resultantes de la represión, lo son por la interpretación.

 

En un caso clásico de olvido, el de Signorelli publicado por Freud, encontramos la asociación entre la tragediael suicidio de un pacientey el olvido. En el análisis que hace Freud de su olvido aparece el ‘muerto’ en la realidad objetiva, el suicidio de un paciente. En esos días, en Trafoipalabra puente para el olvidohabía recibido la noticia de que uno de sus pacientes, que le importaba mucho, se había suicidado. El deseo de olvidar este episodio se expresó en el de Signorelli. Tal como encontramos en otros casos, en Freud las memorias trágicas sepultadas, activadas por una noticia trágica, motivaron el arrastre al inconsciente de un nombre indirectamente ligado al muerto.

 

1.1.2          Los celos de los muertos

 

Los fantasmas de los desaparecidos, desde lo inconsciente, persiguen con sus celos al sobreviviente. Tal como Freud nos dice, toda muerte es vivida por el sobreviviente como un crimen cometido por él en último término: el del incestoparricidio, el de los celos primordialescastración originalque genera el terror a la taliación. A su vez el fantasma del padre, celoso del hijo que lo castró arrebatándole el falo de la madre, lo condena a muerte, así como aparece en la cita del ‘Don Juan’ que acabamos de ver y en ‘Hamlet’, donde el fantasma del padre, asesinado por su hermano-hijo que se quedó con el ‘tesoro’ del padre-rey, la Reina-madreel falo, retorna y a su vez mata a los que se apoderaron de su tesoro, de su poder, de su falo ... incluido el protagonista del crimen, Hamlet-hijo. En estos dramas es evidente la íntima asociación entre celos, paranoia y melancolía.

 

Si bien no son una constante, con cierta frecuencia nos encontramos con casos en que estas manifestaciones de los celos de los ‘muertos’ aparecen de manera destacada, en particular cuando tiene lugar la pérdida de un ser querido, bien sea por muerte o bien por su equivalente, una separación violenta. Veamos un caso:

 

Juan consultó porque después de dos años de haber enviudado vivía desesperado, obsesionado por la imagen de la muerta. Según su relato había tenido un buen matrimonio. Me decía que María quien fuera su mujer estando ya muy grave le manifestaba su deseo de que, cuando ella desapareciera, se uniera a una mujer que lo hiciera feliz como lo había sido con ella; y, más aún, se refería a una amiga del matrimonio, Ana, que ella estimaba sobremanera. Interpretamos que de ese modo negaba los celos, pues, a través de Ana, fantaseaba que una vez que hubiera muerto iba a continuar su unión con Juan.

 

Unos meses tras la muerte de María, Juan comenzó a salir con Ana. Le resultaba sumamente atractiva, sobre todo porque poseía cualidades semejantes a las de María, pero encontraba una dificultad creciente para consolidar la relación. Ocurría que al mismo tiempo que Ana le evocaba más y más la imagen de María, paradójicamente se le volvía extraña, pues se le destacaban rasgos de Ana que poco tenían que ver con los de María. Sentía que María le ‘impuso’ a Ana para poder mantenerlo fiel a ella aún después de muerta, es decir, fiel a su fantasma. De manera que cuando Ana era más Ana y menos María, ésta última, celosa, se interponía entre ambos, generando memorias de los buenos momentos que habían vivido y que no eran posibles con Ana hasta deshacer la relación. Por otro lado, dada la intensa amistad que Ana tuvo con María, también en ella los celos del fantasma de María interferían en su relación con Juan.

 

1.1.3          Celos y homosexualidad

 

En el primer caso que exponemos decíamos que Tomás, el paciente, en una sesión, le relata a su analista, Pedro, que la noche anterior su mujer había salido a encontrarse con una amiga y que mientras la esperaba se sentía mal, sexualmente excitado y enfermo de celos, pensando que ella iba a encontrarse con algún hombre. En estas palabras aparece anunciada la íntima relación que existe entre celos y homosexualidad. La idea de la mujer en relación sexual con otro hombre es motivo, en último término, de violencia asesina –incestoy, al mismo tiempo, de excitación erótica homosexual.

 

En esta afirmación no hacemos más que confirmar las observaciones de Freud en su artículo “Celos, Paranoia y Homosexualidad”, ya mencionadas. En el mismo expone el ejemplo de “un hombre que padecía cruelmente en sus ataques de celos y que, según él sostenía, era traspasado por las torturas más terribles al trasladarse inconscientemente a la posición de la mujer infiel.” Es decir, del incesto a la homosexualidad. Pedro, celoso de la fantaseada relación sexual de su mujer con un amante, que significa que el pene del amante ocupa el lugar del falo de la misma, con lo cual Pedro se siente castrado, ha perdido el falo, se coloca en el lugar de la mujer y así, sometido al amante de la misma, recupera el falo perdido.

 

 Antes de seguir con las explicaciones teóricas acerca de las vicisitudes de las organizaciones que subyacen a estas manifestaciones que estamos considerando, creo útil aclarar que las descripciones que hacemos en términos de una estructura sexual infantil primordial son metáforas que nos ayudan a especular. Son hipótesis, construcciones creadas a partir de las observaciones en los análisis de adultos, que nos permiten diferenciar cualidades en la presentación actual. No pidamos a estas metáforas una condición de realidad objetiva y sí la de un estímulo para que cada lector pueda desarrollar sus ideas.

 

Retomando nuestro tema: apoyándonos en la contribución de Freud sobre el masoquismo femenino 6 concebimos la siguiente teoría para explicar las vicisitudes de la castración:

 

En un primer momento el bebé está unido fálicamente a la madre. Luego aparece el padre y desplaza al bebé del lugar ideal, fálico, que tenía junto a la madre. El padre queda entonces con la cosa maravillosa que hacía del bebé el objeto del deseo de la madre y es deseado por ésta. Se trata de la castración fálica del bebé. El niño, despojado de su condición fálica queda entonces abandonado a la muerte 7. El padre ‘tiene’ el falo de la madre y ésta, ahora, dirige a él su deseo para recuperarlo. La circunstancia de que el pene sea el órgano privilegiado para representar al falo, hace del mismo en gran medida el objeto del deseo de la madre. El bebé movido por los celos, celos primordiales, trágicos, tiene dos caminos para superar su castración, que es muerte. Uno es el del incesto: mata castraal padre y recupera la condición fálica en su unión con la madre Edipo con Yocasta en Tebas o, impotente, realiza su ataque al padre ocupando el lugar de la madre, seduciéndolo para que lo posea sexualmente: recuperando el falo a través del pene del padre. La entrega homosexual a la vez comprende la castración indirecta del padre, en cuanto el bebé, en su identificación femenina, se apodera del pene-falo del padre y del goce de la madre.

 

La resolución del complejo de castración, en sus infinitas variantes, da como resultado el predominio de uno u otro de los elementos que lo componen. De todas maneras el ataque incestuoso, el parricidio, que es la reacción primordial a la castración, subyace a las demás ‘soluciones’. La tragedia edípica subyacente, tramitada por medio del sometimiento homosexual, encuentra su manifestación en el pasaje desde el sometimiento homosexual a la violencia y al crimen en la realidad objetiva, que en oportunidades encontramos en las relaciones homosexuales.

 

Cuando ahondamos en el análisis de la presentación de los celos en sus versiones secundarias y nos aproximamos a sus raíces, nos encontramos con rasgos de acción, una puesta en la realidad del complejo, que puede alcanzar una manifestación trágica, como lo es la reacción transferencial negativa o RTN, y, por fin, con la ‘muerte’ del análisis.

 

Los retoños de los celos originales trágicos, sepultados, se manifiestan a través del yo, domeñados, en las versiones del complejo de Edipo secundario.8 Por regresión pueden manifestarse en su naturaleza original, tanto en manifestaciones homosexuales o dramas de celos en la realidad objetiva, en síntomas ‘actuales’, o, en los casos extremos, en compulsiones trágicas.

 

1.1.4          Los significados de Untergang

 

El complejo de Edipo trágico sucumbe ‘sepultado’ 9, traducción que hace Etcheverry de ‘Untergang’, la palabra que utiliza Freud para describir este proceso. Es una traducción que nos parece muy adecuada, sobre todo cuando trabajamos con los temas de las vicisitudes de lo actual de las neurosis, en particular el letargo. Decimos así que el complejo trágico, incestuoso, es ‘sepultado’ constituyendo de tal manera al objeto aletargado, al ‘muerto’, el que se manifiesta en el letargo.

 

Por otra parte, cuando nos ocupamos del incesto primordial, trágico, y seguimos su destino más allá del sepultamiento, cobran sentido las otras traducciones de ‘Untergang’, como lo es la adoptada por Strachey, ‘dissolution’ (disolución, desintegración, descomposición). Strachey aclara que en el mismo contexto Freud utiliza una palabra más fuerte aún, ‘Zertrümerung’ (demolición). Además, en su articulo sobre el tema, “El Sepultamiento (‘Untergang’) del Complejo de Edipo”, Freud nos dice: “el proceso descrito – el ‘Untergang’ – es más que una represión; equivale, cuando se consuma idealmente, a una destrucción y cancelación del complejo.” 10 Estas últimas variantes semánticas de ‘Untergang’ corresponden a mecanismos distintos de los correspondientes a ‘sepultamiento’. Mientras este último corresponde a las vicisitudes derivadas del incesto, memorias a las que es posible hacer conscientes por medio de la construcción e interpretación, disolución o destrucción del complejo corresponde a un destino último del complejo de Edipo primordial, caracterizado por la imposibilidad absoluta de acceso a los mismos. La ‘destrucción del complejo de Edipo’ aparece a la consciencia como pérdida de sustancia corporal.

 

1.1.5          La ‘destrucción’ del complejo de Edipo

1.1.6          Una hipótesis acerca de la desmemoria (destrucción de la memoria)

1.1.7           La enfermedad de Alzheimer 11

 

El material precedente, en particular lo que hace a la relación entre los celos, el letargo y el olvido, me mueve a desarrollar una hipótesis acerca de los alcances de la ‘destrucción’ de las memorias.

 

Los celos primordiales, como elemento que pertenece al complejo de castración, ocupan un lugar fundamental en la constitución del ser. Expresan el conflicto edípico primario, trágico, los celos por el padre que lo amenaza con la castración al ocupar su lugar junto a la madre.

 

En la viñeta que expusimos en primer término dijimos que las asociaciones de Tomás presentan a Pedro la escena primaria y desencadenan en él los celos trágicos, incestuosos, y aparece el letargo: ya no piensa – ‘Lethe’ = olvido. 12 El síntoma actual, en este caso, el letargo, expresión del horror al incesto, es una forma extrema de olvido, de sepultamiento, de ‘muerte’, de las memorias de las tragedias edípicas que tienen por modelo la original. Nuestra hipótesis es que este proceso de ‘olvido’ comprende, más allá del ‘sepultamiento’ 13 de las memorias, la ‘destrucción’ 14 de partes de las mismas, que aparece ante la consciencia como la destrucción de partes del soma.

 

Lo que sigue es en gran medida especulación basada en las consideraciones anteriores y en casos que me han sido relatados acerca de personas que padecían de la enfermedad de Alzheimer. Esos casos correspondían a personas que durante su vida habían sufrido celos extremos, hasta en un caso delirio celotípico, y que en la vejez comenzaron con los síntomas de esta enfermedad.

 

En las patologías a presentación somática caracterizadas por la importancia de los celos y el olvido, diferenciamos entre otras, en muy grandes líneas, aquellas en las que los síntomas de olvido resultan de una particular alteración y destrucción de partes de la corteza cerebral tal como encontramos en la enfermedad de Alzheimer.

 

Ya en los síntomas de conversión de la histeria nos encontramos con el ‘olvido’ de pensamientos, sustituidos por ‘alteraciones’ somáticas, en estos casos es posible recuperar el pensamiento que estaba reprimido y ‘curar’ el síntoma somático.

 

Más allá de la histeria, resultante de la represión, nos encontramos con síntomas somáticos, los de las neurosis actuales – angustia, letargo, etc. – a los que les atribuimos también el carácter de ‘conversión’ a partir de otra categoría de memorias ‘olvidadas’, que nunca fueron conscientes por lo que no pueden ser recordadas, que están sepultadas. Estas memorias pueden ser traídas a la consciencia por medio de la construcción e interpretación – y los síntomas pueden ceder.

 

Por fin tenemos aquellas conversiones que corresponden a lo estrictamente sepultado que contiene lo que fuera la tragedia edípica: al padre asesinado cuando el incesto. En estos casos se trata de la destrucción de partes del soma, como lo es el infarto en general; como ejemplo destacamos el de corazón o el de partes del cerebro. El desenlace es la pérdida definitiva para la consciencia, junto con la sustancia orgánica, de las ‘ideas’ que se manifestaron en la conversión.

 

Entre estas últimas ubicamos la enfermedad de Alzheimer. Nuestra especulación se centra en que, mientras las enfermedades actuales resultan de la manifestación de una actividad sexual reprimida-sepultada, y las memorias correspondientes son posibles de ser traídas a la consciencia por la construcción-interpretación, el ‘olvido’ en la enfermedad de Alzheimer es el resultado de la destrucción de la capacidad de rememorar dependiente del soma. 15

 

Nos encontramos en estas manifestaciones con los dos significados que los traductores han encontrado para ‘Untergang’: ‘sepultamiento’, para las neurosis actuales y ‘destrucción’ para la enfermedad de Alzheimer, que implica la pérdida irrecuperable de rememorabilidad.

 

En un paréntesis hablaremos del concepto de ‘memoria’ que utilizamos en este apartado: son formaciones en lo inconsciente, cuyas raíces están en el ello. Sólo algunas se expresan en la consciencia. La inmensa mayoría está reprimida-sepultada y por fin otras están ‘destruidas’. De estas últimas concebimos la existencia de restos, ‘cicatrices’ en las que, al menos por ahora, no es posible encontrarlas. La destrucción de las memorias originales arrastra las construidas a posteriori sobre las mismas. Este sería el caso de la enfermedad de Alzheimer. Nuestro supuesto es que en la misma subyacen celos trágicos que comprenden las memorias originales y las destruyen. Cuando en la violencia, propia de los celos originales tiene lugar el parricidio, es eliminado el ‘padre’, y la ‘pérdida’ arrastra al olvido a todo lo asociado al mismo. Las lesiones del cerebro correspondientes a esta enfermedad las concebimos como una especie de ‘suicidios’ parciales que van terminando con la capacidad de rememorar ciertas memorias. En el suicidio en la realidad objetiva se ‘matan’ de una vez todas las rememorabilidades. El drama de celos que termina con el crimen en la realidad objetiva, nos presenta la imagen de la escena que está detrás de lo ‘Untergang’ (sepultado, actual).

 

Notas

1.      La escena primaria aparece representada por los padres unidos en relación sexual. La misma pone en escena la castración del bebé, cuando el ‘padre’, apoderándose del falo que hasta entonces unía al bebé con la madre, ocupa el lugar de éste. La ‘madre’ busca ahora el falo en el pene-falo del ‘padre’. Esta unión de los padres figura la castración del bebé, el trauma primordial, y genera los celos trágicos – sobre los que se desarrollan los demás, secundarios, elaborados en términos del complejo de Edipo.

2.      La hipótesis que explica la identificación con el ‘cadáver’ en el letargo, es la de que es el resultado de la acción de la culpa inconsciente – una especie de ley del Talión – despertada por las fantasías de muerte de los componentes de la escena primaria.

3.      Sabemos que el ‘celo’ es un estado particular de excitación sexual, atribuido en particular a los animales, pero que también aparece en el ser humano, con un poder tal que lo empuja a pasar todas las barreras y que puede incluso tener como desenlace el incesto, es decir, el ataque a la pareja que representa la escena primaria, con crimen y posesión sexual.

4.      Lo ‘real’ –la realidad de lo imaginario– lo ‘real’ de la transferencia en el analista, es la manifestación de lo ‘actual’ en términos somáticos o como afecto o vivencia.

5.      Cesio, F.: Tragedia y muerte de Edipo. Rev. de Psicoanálisis, 1986.

6.      Freud en su contribución sobre el masoquismo, “El problema económico del masoquismo”, cuando se ocupa del masoquismo femenino nos dice que consiste en que el sujeto adopta una posición característica de la feminidad, vale decir, la de ser castrado, ser poseído sexualmente o parir. (Detrás se esconde el nexo con la masturbación infantil = culpa = masoquismo moral). Se basa en el masoquismo primario, erógeno, es decir en el placer de recibir dolor. A su vez el masoquismo primario se explica en función de que la pulsión de destrucción (pulsión de muerte, sadismo primordial, voluntad de poder), que permanece en el interior ligada libidinosamente, con ayuda de la coexcitación sexual lo genera.

7.      ‘Muerte’ en este contexto significa ‘castración’. La misma puede tener variada intensidad, Cuando es absoluta se manifiesta por la muerte objetiva. En el caso de Edipo, abandonado a la muerte en el Monte Citerón, es salvado por un pastor y adoptado por los reyes de Corinto. En este caso la ‘castración’, el complejo de Edipo trágico, permanece sepultado bajo el complejo de Edipo secundario desarrollado con sus padres de Corinto, y retorna a un primer plano con la tragedia, el incesto, cuando mata a Layo y se une a Yocasta.